El ala de la abubilla y la riada de al-ʿArim — la ley del ascenso y la caída en el Corán
El tercer episodio de la serie «El Corán y la civilización» — la dialéctica de las suras de las Hormigas y de Saba entre la expansión de la civilización y su repliegue
Por el Dr. Ahmed Mohamed Ali Abouseif, presidente de la American Imams Academy (Academia Americana de Imames).
Apertura: la paradoja geográfica que el Corán mismo anuda
En la misma tierra de la Península Arábiga, y en el mismo tiempo aproximadamente, se irguieron dos civilizaciones en el relato coránico, y venimos a leer el destino de ambas:
La primera: la civilización de Salomón (la paz sea con él) —se expande, explora, llama, transporta las ciencias entre las naciones.
La segunda: la civilización del pueblo de Saba —estaba en «dos jardines a la derecha y a la izquierda», agradeció un tiempo y luego renegó, y se volvió después de siglos «relatos: y los desgarramos en todo desgarro».
Contempla esta correspondencia que el Corán anuda en la composición con su propia mano: la sura de Saba abre con la merced de David y Salomón (las montañas y los pájaros, la fundición de la fuente de cobre, el ablandamiento del hierro), luego pasa directamente al pueblo de Saba. Como si la sura le dijera al lector: mira a las dos civilizaciones lado a lado. Una agradeció y se extendió, y la otra renegó y se dispersó en relatos.
Esta contigüidad coránica no es una coincidencia. Es una lección metódica: la civilización no se sostiene por su ubicación en la tierra, sino por su postura ante la merced. Y el tercer episodio de la serie «El Corán y la civilización» plantea esta dialéctica en dos caras: el ala de la abubilla, símbolo del lanzamiento, y la riada de al-ʿArim, símbolo de la caída.
En este episodio — cinco ideas
1. La dialéctica coránica: ¿por qué anuda el Corán la comparación entre la civilización de Salomón y el pueblo de Saba en un solo contexto?2. El léxico del traslado civilizatorio: de «la curva del individuo» en José al «campo de la comunidad» en las Hormigas.3. Los tres pilares de la expansión: la distribución de papeles, la exploración, la transferencia de tecnología — una lectura de la civilización de Salomón.4. El repliegue mortal: ¿cómo se transforman «dos jardines a la derecha y a la izquierda» en «relatos desgarrados»?5. La elección de hoy: el musulmán en Occidente ante dos modelos — ¿será una abubilla, o esperará la riada?
Primero: de «la curva del individuo» al «campo de la comunidad»
La serie en su gradación es intencionada. El primer episodio sobre la sura de la Caverna dibujó los pilares teóricos de la civilización. El segundo sobre José (la paz sea con él) dibujó la curva del individuo ascendente sobre cuyas manos nace una comunidad. Y el episodio que tienes entre manos nos traslada a lo que es más amplio: el campo de la comunidad en movimiento.
Contempla la mutación de los vocablos de las suras entre José y las Hormigas-Saba:
| En José | En las Hormigas y Saba | |---------|------------------| | La interpretación (9) | El ejército (repetido) | | La paciencia (4) | La merced (repetida) | | La tierra (17) | El reino, el país, la morada | | El individuo en movimiento | La comunidad reunida |
El traslado léxico es un traslado civilizatorio. La sura de José te pregunta: ¿cómo surge el cualificado líder? La sura de las Hormigas-Saba te pregunta: ¿y quién está con él? ¿Y qué es lo que hacen con la merced de Dios en la tierra?
Esta gradación es lógica. No se sostiene una civilización con un solo individuo, aunque sea un José. Pero el individuo cualificado es el punto de lanzamiento, y la comunidad organizada es el campo de la realización.
Una pausa antes de la expansión: el agradecimiento es el techo de la civilización y su cimiento
Antes de exponer los pilares organizativos sobre los que se sostuvo la civilización de Salomón (la paz sea con él), conviene afirmar un fundamento que guarde el artículo —como guardamos el artículo de José— de deslizarse hacia la glorificación de la organización y la fuerza despojadas de su esencia.
Las dos suras —las Hormigas y Saba— son en realidad dos suras de agradecimiento y renegación, no dos suras de organización y caos. Y las pruebas de eso están en el texto mismo:
- Salomón (la paz sea con él) sella su sura con la súplica del agradecimiento: «Señor, dispónme a que agradezca Tu merced con la que me has agraciado y con la que has agraciado a mis padres, y a que obre rectamente y Te complazcas» (las Hormigas 19). Como si el techo de la civilización para él fuera el agradecimiento, no el reino.
- Salomón (la paz sea con él) sonríe ante el dicho de la hormiga: «Y sonrió riendo de su dicho». Contempla la humildad: un profeta rey sonríe ante una hormiga. La civilización salomónica no se ensoberbeció ante la más baja de las criaturas, ¿cómo, pues, se va a ensoberbecer ante su gente?
- El pueblo de Saba cayó cuando dejó el agradecimiento: «y agradecedle» en su primera aleya, luego «pero se desviaron». Pues el Corán hace del agradecimiento el límite entre el ascenso y la caída, no de las posibilidades.
Así que los pilares organizativos que expondremos —la distribución de papeles, la exploración, la transferencia de tecnología— todos se apoyan en este fundamento devocional: una civilización agradecida se expande, y una civilización renegada se repliega. Y no comprenderemos los dos modelos sino si recordamos que Salomón suplicaba a su Señor con el agradecimiento incluso estando en la cúspide de su reino.
Segundo: la civilización de Salomón — los tres pilares organizativos
La sura de las Hormigas presenta a Salomón (la paz sea con él) en una imagen rara en las profecías: un profeta que reina, gestiona, explora, y se cartea con una reina en otro continente. Sus actos en la sura descubren tres pilares organizativos de su civilización.
El primer pilar: la distribución de papeles — una civilización de componentes múltiples
«Y fueron reunidos para Salomón sus ejércitos de genios, humanos y pájaros, y eran distribuidos en orden».
«Eran distribuidos» (yūzaʿūn): se ordenan en sus posiciones y no se mezclan. Ibn ʿĀšūr (Dios se apiade de él) dice que este verbo en árabe indica «la división del trabajo con orden, y la contención del caos». Pues el ejército salomónico no era una muchedumbre, sino una institución de tipos múltiples que obra con especializaciones.
Y contempla el patrón: tres géneros distintos (genios, humanos, pájaros), cada género con sus características, obrando juntos. Esta es una escena coránica de la que nos aprovechamos para comprender lo que Ibn Jaldūn llamó hace siete siglos «la cooperación para el sustento»: «Y no es posible la cooperación para el sustento sino que se especialice cada uno de ellos en un acto que baste a su gente».
Y no olvides la hormiga reina en la sura misma: «Dijo una hormiga: ¡Oh, hormigas! Entrad en vuestras moradas». Ella organiza a sus súbditos, los advierte de un peligro, los dirige al refugio. Hasta la más baja de las criaturas en la sura de Salomón posee una distribución de papeles organizada.
La aplicación a la comunidad: la mezquita que opera con «voluntariado aleatorio» se derrumba. La mezquita que opera con «especializaciones» —comité de enseñanza, comité de legados, comité de jóvenes, comité de mujeres, comité de comunicación externa— es la que perdura. La diferencia entre los dos patrones es la diferencia entre la gente y «eran distribuidos en orden».
El segundo pilar: la exploración — la abubilla es un aparato de inteligencia civilizatorio
«Y pasó revista a los pájaros y dijo: ¿Qué tengo que no veo a la abubilla? ¿O es que está entre los ausentes?»
Salomón (la paz sea con él) pasa revista. Esta es una palabra organizativa por excelencia. No se contenta con la presencia del ejército, sino que cuenta a quien se ausentó. Y no para castigar, sino para comprender —«¿o es que está entre los ausentes?» es una forma que interroga, no que acusa.
Luego viene la abubilla con la noticia asombrosa: «He abarcado lo que no has abarcado, y te he traído de Saba una noticia cierta».
Contempla la precisión de este conocimiento del otro: - La verificación: «he abarcado» —un conocimiento completo, no una mera observación. - La distinción: «lo que no has abarcado» —una información nueva que merece ser depositada. - La documentación: «una noticia cierta» —no un rumor ni una conjetura. - La concisión: «en verdad, hallé a una mujer que los gobierna y a la que se le ha dado de toda cosa» —tres oraciones que sintetizan el reino, la economía y la religión de una comunidad entera.
Esta es una escena coránica que funda lo que podemos llamar «la consciencia exploratoria organizada» —no en el sentido militar, sino en el sentido de la capacidad de comprender al otro antes de tratar con él. Salomón (la paz sea con él) no envió su ejército antes de enviar su abubilla. Y la civilización que se mueve sin explorar, da palos de ciego.
La aplicación: la comunidad musulmana en Occidente vive entre un público que ignora más de lo que conoce. Sabe qué dice el sabio sobre el púlpito, y no sabe qué lee el vecino en su periódico. El modelo salomónico nos llama a establecer una abubilla institucional: un equipo en cada gran centro que estudie la sociedad circundante, comprenda las políticas de la ciudad, lea las orientaciones de los medios. No para el conflicto, sino para la comunicación ilustrada.
Una escena de una abubilla contemporánea: un ingeniero musulmán en una de las grandes empresas de tecnología en Seattle notó que sus colegas no conocían del islam sino lo que transmiten los noticieros. Así que abrió en la cafetería de la empresa un «club de lectura mensual» en el que presenta libros de pensamiento islámico traducidos al inglés. Comenzó con tres colegas, luego siete, luego veinte. Después de tres años, dos de los asiduos abrazaron el islam. Una sola abubilla —un voluntario no financiado, que no viste turbante ni porta una cualidad predicadora— abrió con un libro una puerta que no abrieron diez predicadores sobre los púlpitos.
El tercer pilar: la transferencia de tecnología — el trono se mueve antes del parpadeo
«Dijo aquel que tenía un conocimiento del Libro: yo te lo traeré antes de que vuelva a ti tu parpadeo».
El trono de Bilqís se traslada de Maʾrib (Yemen) a Jerusalén (Levante) en un abrir y cerrar de ojos. Los exegetas se extendieron mucho en la interpretación de esta aleya, pero lo que le importa al lector civilizatorio es la pregunta: ¿por qué hizo Salomón eso en absoluto?
«Dijo: disfrazadle su trono; veremos si se guía o es de los que no se guían».
No trasladó el trono para apropiárselo, sino para abrir un diálogo fundado en una prueba técnica. Como si le dijera a Bilqís: «Este es nuestro poder. Queremos que anudes tu vínculo con la verdad a través de algo que conoces». El deslumbramiento no es un fin, sino un puente hacia la fe.
Este es un modelo civilizatorio elevado: la superioridad técnica se emplea al servicio del llamado, no para la arrogancia en la tierra. Salomón (la paz sea con él) posee «un reino que no conviene a nadie después de mí», y, con todo, se cartea con una reina, disfraza su trono con delicadeza, y le abre el campo de la elección: «¿se guía o es de los que no se guían?».
La aplicación: los musulmanes en Occidente poseen herramientas técnicas innumerables —cardiólogos, ingenieros nucleares, científicos informáticos. ¿Cuántos de estos usan su superioridad técnica como un puente para el llamado? ¿Cuántos médicos musulmanes invitan a su discípulo que se graduó con ellos a una cena en su casa, y halla en ella un Corán entre los libros, un alimento lícito sobre la mesa, e hijos respetuosos? Este es el trono de Salomón en su forma contemporánea.
Tercero: Bilqís y la razón consultiva — una reina que no es despótica
En medio de esta civilización en expansión, aparece un personaje femenino coránico de los más asombrosos personajes del Libro: la reina de Saba. Y el Corán transmite de ella una palabra que merece la contemplación:
«Dijo: ¡Oh, dignatarios! Aconsejadme en mi asunto; no he decidido un asunto sin que vosotros lo atestigüéis».
Una reina de gran trono, y de imponente ejército, consulta. «No he decidido un asunto» —no zanja las grandes causas sin consejo. Esto es siglos antes del Profeta del islam (la paz sea con él), y antes de que Occidente conociera la palabra «democracia».
¿Acaso el Corán la elogia porque es incrédula? No. El Corán transmite de ella esta palabra en un contexto elogioso, porque la consulta es una virtud en sí misma, aunque proceda de quien no se ha guiado aún. Como si el Corán dijera: la razón consultiva es salud, aun antes de la guía.
Pero esta razón consultiva —pese a su mérito— no fue por sí sola suficiente para su salvación. Pues adoraba el sol en lugar de Dios, y le vino el monoteísmo de fuera de su consejo. La sabiduría humana es un medio, y la guía divina es un fin. Y si la consulta sola fuera suficiente, habría salvado a toda sociedad que consulta.
Luego se guía Bilqís. Y abraza el islam. Y su trono que vimos disfrazarse al comienzo de la historia se vuelve parte de la civilización salomónica. La civilización que explora no conquista con la espada, sino con el argumento y la prueba.
Cuarto: la caída — ¿cómo se derrumba una civilización que agradeció y luego renegó?
«Ciertamente había para Saba en su morada una señal: dos jardines a la derecha y a la izquierda. Comed del sustento de vuestro Señor y agradecedle: una buena tierra y un Señor indulgente».
Comienza con la merced: «dos jardines a la derecha y a la izquierda» —no un solo jardín, sino dos, que rodean la morada con un rodeo de seguridad. «Una buena tierra» —una descripción coránica rara que recuerda la bendición. «Un Señor indulgente» —la puerta está abierta para el arrepentimiento ante el desliz.
Luego viene el momento decisivo: «pero se desviaron».
Una sola palabra. Sin detalle de aquello de lo que se desviaron, ni de cómo fue la desviación, ni de lo que ennegreció sus corazones. La desviación es una elección completa en una palabra.
Luego el resultado: «Así que enviamos contra ellos la riada de al-ʿArim, y les cambiamos sus dos jardines por dos jardines de fruto amargo, tamariscos y algo de azufaifo escaso».
La riada de al-ʿArim. Esta palabra en la exégesis de Ibn Kaṯīr y al-Ṭabarī: la riada que quebró la gran presa de Maʾrib. Pero en la lectura civilizatoria es un símbolo, no un suceso: la riada es lo que viene cuando se sacuden los cimientos sobre los que edificaste y no renovaste.
Luego el final estruendoso: «Así que los hicimos relatos y los desgarramos en todo desgarro».
«Relatos» —no historia, no civilización, no comunidad. Meros cuentos que se narran para la lección. «Y los desgarramos en todo desgarro» —se dispersaron las tribus de Saba en la tierra, algunas hacia el Levante, algunas hacia Omán, algunas se quedaron. El nombre civilizatorio de «Saba» se esfumó, y no quedó de él sino un nombre en un mapa antiguo.
Esta es la caída coránica en su forma condensada: una merced, una desviación, una riada, un desgarro. Cuatro palabras. Cuatro etapas. La comunidad puede caer en dos generaciones.
Quinto: la dialéctica contemporánea — ¿somos una abubilla, o esperamos la riada?
Las suras de las Hormigas y de Saba, si las vuelcas sobre la realidad de la comunidad musulmana en Occidente, te dibujan dos modelos centrales entre los que eliges:
El modelo salomónico (la expansión)
Una mezquita que envía delegaciones a las sociedades circundantes. Abre su puerta al vecino en un «día de puertas abiertas» anual. Se coordina con las iglesias en las causas de la justicia social. Entra en los consejos de los barrios (City Council). Educa sabios que publican en las revistas científicas en inglés, no solo en las revistas legislativas en árabe. Se aprovecha de los éxitos técnicos de sus individuos como puentes para el llamado. Envía una abubilla (una oficina de investigación) que lee la sociedad antes de hablarle.
Esta mezquita se expande. Aumentan sus frecuentadores. Vienen a ella los hijos de los vecinos no musulmanes porque su amigo en la escuela dijo que allí ocurre «algo cool» el domingo. Brotan de ella sabios, predicadores y administradores.
El modelo sabeo (el repliegue)
Una mezquita que se repliega sobre sus frecuentadores. No abre su puerta sino para las oraciones. No enseña el árabe al vecino. Sus legados están amontonados en cuentas bancarias que no benefician. El imam predica en un árabe que ignora la mitad de los orantes. La junta discute el presupuesto de las alfombras, y no discute cómo llegar a los jóvenes desconectados de la religión.
Esta mezquita no estalla de repente. Se desmenuza con lentitud. La primera generación muere. La segunda generación viene poco. La tercera generación olvida. Luego viene una riada —puede ser una crisis económica, o una migración forzada, o una discordia interna— y la desgarra «en todo desgarro».
Una escena de una mezquita sabea: en un pequeño estado del sur americano, se fundó una mezquita en 1998 con el esfuerzo de treinta familias emigrantes. La oración del viernes se llenaba con cuatrocientos orantes. Hoy, después de dos generaciones, el número de orantes no pasa de quince. La primera generación murió o emigró, y de los hijos de los fundadores originales algunos dejaron el islam, algunos conservaron el nombre y arrojaron la religión tras de sí, y algunos se trasladaron a las grandes ciudades. Nadie sabe exactamente cuándo ocurrió esto, ni cómo. Pero la riada vino —lenta, silenciosa, firme. Y los legados que se reunieron en la cuenta de la mezquita apenas bastan para el presupuesto de la electricidad.
Sexto: el desafío que el Corán descubre
¿Sabes por qué se contiguan la sura de las Hormigas y la sura de Saba en el Códice? Entre ambas hay una sola sura (el Relato), y ambas hablan del rey Salomón. Pero la sura de las Hormigas presenta la cúspide civilizatoria, y la sura de Saba presenta la caída de quienes estaban en su seno.
Las Hormigas: el desafío de la civilización ascendente — ¿puedes abrirte? Saba: el desafío de la civilización que resiste — ¿puedes continuar?
Y ambos desafíos recaen sobre el musulmán en Occidente hoy: - El primero: ¿se abrirá tu comunidad a su entorno, o se replegará tras los muros de la mezquita? - El segundo: aunque tengas éxito en la apertura, ¿preservarás el agradecimiento de la merced, o perderás tu memoria después de dos generaciones como perdió Saba su memoria?
Conclusión: antes de que venga la riada, lánzate, abubilla
Toda civilización elige. Dios, el Altísimo, no impone un destino, sino que expone una ley. «En verdad, Dios no cambia lo que hay en un pueblo hasta que cambian lo que hay en sí mismos» (el Trueno 11).
La diferencia entre la civilización de Salomón y el pueblo de Saba no está en la ubicación geográfica. Ambas están en la Península Arábiga. No está en el tiempo ni en las posibilidades. Ambas conocieron la riqueza. La diferencia está en la postura ante la merced: ¿te lanzas con ella como una abubilla, o la atesoras hasta que venga la riada?
Y el musulmán en Occidente hoy —en cada mezquita, en cada centro, en cada familia— elige entre los dos modelos cada día. Y cada vez elige. No hay una postura neutral.
En el próximo episodio (la conclusión), reunimos los hilos: de los pilares de la civilización en la Caverna, a la curva del individuo en José, a la expansión de la comunidad en las Hormigas-Saba — extraemos las leyes divinas en el ascenso de las naciones y su caída.
Un paso práctico tras leer este episodio
Pregúntate tres preguntas sobre tu mezquita o tu centro islámico:
- ¿Tenemos una «abubilla»? —es decir, una persona o un equipo responsable de leer la sociedad circundante, comprender las políticas de la ciudad, comunicarse con el vecino no musulmán, presentar informes periódicos sobre la realidad de la comunidad y la sociedad mayor.
- ¿Tenemos «eran distribuidos en orden»? —es decir, una distribución de papeles clara, comités especializados, una descripción de las responsabilidades, o trabajamos con la aleatoriedad y el voluntariado no organizado.
- ¿Empleamos «el trono»? —es decir, las capacidades técnicas y de destreza de nuestros individuos (médicos, ingenieros, maestros, comerciantes) al servicio del llamado y la comunicación, o las dejamos lejos del campo de la mezquita.
Si la respuesta a cualquiera de estas preguntas es «no», entonces estás más cerca de Saba que de Salomón. Y la riada viene con lentitud, pero viene.
El lugar de este episodio en la serie
| El episodio | El título | El estado | |---------|----------|---------| | El primero | El Corán y el fundamento civilizatorio — los pilares de la civilización en la Caverna | Publicado | | El segundo | La sura de José y la curva del ascenso civilizatorio | Publicado | | El tercero (este) | El ala de la abubilla y la riada de al-ʿArim — la ley del ascenso y la caída | Publicado | | El cuarto (conclusión) | Las leyes divinas en el ascenso de las naciones y su caída | Próximo |
Indicaciones y referencias
- Ibn Kaṯīr, *La exégesis del Corán inmenso*, en la exégesis de las suras de las Hormigas y de Saba.
- Al-Rāzī, *Las llaves de lo oculto*, exégesis de la sura de las Hormigas, la parte propia de la historia de Bilqís.
- Ibn ʿĀšūr, *La liberación y la iluminación*, exégesis de las suras de las Hormigas y de Saba — y tiene investigaciones amplias en «los ejércitos de Salomón» y «la dialéctica de Bilqís».
- Sayyid Quṭb, *A la sombra del Corán*, exégesis de la sura de las Hormigas.
- Mālik ibn Nabī, *Las condiciones del renacimiento* y *El problema de la cultura*, los capítulos de la acción civilizatoria.
- Ibn Jaldūn, *La introducción (Muqaddima)*, el capítulo sobre «la cooperación para el sustento».
- Al-Ṭabarī, *El compendio de la explicación*, en la exégesis de «la riada de al-ʿArim».
Este es el tercer episodio de la serie «El Corán y la civilización». El primer episodio: la sura de la Caverna. El segundo: la sura de José. El cuarto próximo: «Las leyes divinas en el ascenso de las naciones y su caída» — conclusión de la serie.
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