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Dr. Ahmed Abouseif
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Serie · Episodio 28
Conceptos de la Fe
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El kayd en el Corán: un verbo, dos agentes opuestos

un verbo, dos agentes opuestos

Dr. Ahmed Abouseif•7 de octubre de 2026•11 min de lectura

Estudio coránico sobre la palabra kayd (maquinación), con la que se abre la escena de los hermanos de José y se cierra el designio de Dios, y sobre cómo el mismo verbo, con la misma preposición, se atribuye tanto a las criaturas como al Creador. Por el Dr. Ahmed Muhammad Ali Abouseif, presidente de la American Imams Academy (AIA).

Al comienzo de la sura de Yūsuf, un padre advierte a su hijo pequeño, que acaba de contarle su sueño: ﴿يَا بُنَيَّ لَا تَقْصُصْ رُؤْيَاكَ عَلَىٰ إِخْوَتِكَ فَيَكِيدُوا لَكَ كَيْدًا ۖ إِنَّ الشَّيْطَانَ لِلْإِنسَانِ عَدُوٌّ مُّبِينٌ﴾ («¡Hijo mío! No cuentes tu visión a tus hermanos, pues urdirían una trama contra ti; en verdad, Satanás es para el ser humano un enemigo declarado») (Yūsuf: 5). Y más de setenta versículos después, cuando se dispone el último encuentro entre José y su hermano, el Corán habla con su propia voz: ﴿كَذَٰلِكَ كِدْنَا لِيُوسُفَ ۖ مَا كَانَ لِيَأْخُذَ أَخَاهُ فِي دِينِ الْمَلِكِ إِلَّا أَن يَشَاءَ اللَّهُ﴾ («Así dispusimos Nosotros un plan en favor de José. No habría podido retener a su hermano según la ley del rey, a menos que Dios lo quisiera») (Yūsuf: 76). El verbo es el mismo, la preposición es la misma, y aquel en cuyo favor o contra quien se obra es el mismo José; pero el agente en el primer caso son unos seres humanos que acechan, y en el segundo un Señor que lo ordena todo. Esta paradoja deliberada abre la puerta al concepto de kayd (maquinación, treta).

Delimitación del término y recuento

La raíz k-y-d aparece treinta y cinco veces en el Noble Corán, en tres formas: ocho veces como verbo (yakīdū, kidnā, akīdanna, fakīdūnī, etc.), veintiséis veces como sustantivo kayd, y una vez como participio pasivo al-makīdūn (al-Ṭūr: 42)[1].

Sólo la sura de Yūsuf reúne nueve de esas treinta y cinco apariciones, es decir, cerca de una cuarta parte de toda la raíz. Son: «فيكيدوا لك كيدًا» («urdirían una trama contra ti») (5, dos apariciones); «إنه من كيدكنّ إنّ كيدكنّ عظيم» («esto es de vuestra maquinación; en verdad, vuestra maquinación es grande») (28, dos apariciones); «تصرف عني كيدهنّ» («si no apartas de mí su maquinación») (33); «فصرف عنه كيدهنّ» («y Él apartó de él su maquinación») (34); «إنّ ربي بكيدهنّ عليم» («en verdad, mi Señor conoce bien su maquinación») (50); «لا يهدي كيد الخائنين» («no guía la maquinación de los traidores») (52); y «كذلك كدنا ليوسف» («así dispusimos Nosotros un plan en favor de José») (76). Es una concentración llamativa para una raíz que aparece en numerosas suras. El kayd es, pues, una de las claves semánticas de la sura de Yūsuf: con él se abre la escena de los hermanos y con él se cierra el designio de Dios.

La raíz lingüística: una estratagema que admite lo reprobable y lo loable

En al-Mufradāt, al-Rāghib al-Iṣfahānī define el kayd como una especie de estratagema que puede ser reprobable o loable, aunque predomina su uso en sentido reprobable. Esta definición explica lo que a primera vista podría parecer un problema: ¿cómo puede atribuirse el kayd a Dios? Si el kayd es una treta injusta, no es digno de Dios; si es una estratagema absoluta, no conviene sino a Dios, pues Él es el Ordenador que nunca es vencido. El Corán zanja la cuestión mediante sus contextos: condena el kayd de Satanás, de los incrédulos y de los tiranos, y describe el kayd de Dios como «firme» (matīn).

Los lingüistas señalan además la diferencia entre kayd y makr (astucia, artimaña). También el makr se atribuye a Dios en el Corán (Āl ʿImrān: 54; al-Anfāl: 30), pero en él predomina el sentido de ocultamiento en la planificación, mientras que en el kayd predomina el de pugna y el de intento de llevar al adversario a lo que no desea. Quizá por eso el kayd resulta más apropiado a la escena de José, donde cada parte trata de imponerse a la voluntad de la otra.

La estructura central: un verbo, una preposición, dos agentes

Lo más notable que la sura de Yūsuf revela sobre esta palabra es la simetría morfológica entre dos pasajes distantes. En el versículo quinto: «فيكيدوا لك» («urdirían una trama contra ti»); en el versículo setenta y seis: «كدنا ليوسف» («dispusimos un plan en favor de José»). El verbo es el mismo y en ambos lugares se hace transitivo con la partícula lām: no es «tramaron con él» ni «dispusimos con él», sino «tramaron para ti» y «dispusimos para José». Esto significa que en ambos casos el agente maquina «a causa de» aquel a quien afecta, pero con dos fines contrarios: los hermanos maquinan contra él para destruirlo, y Dios dispone para él para afianzarlo.

Esta oposición no es una mera coincidencia verbal, sino el armazón sobre el que se levanta toda la sura. La sura comienza con el verbo yakīdū como advertencia y cierra su trama con el verbo kidnā como designio. Entre ambos verbos, decenas de versículos ven cómo la maquinación humana, la de los hermanos y la de las mujeres, se mueve en todas direcciones sin alcanzar su meta; cada vez se vuelve en lo contrario de lo que se pretendía. El pozo en que arrojaron a José para que desapareciera se convirtió en su camino a Egipto, y la cárcel con que se quiso humillarlo se convirtió en su camino a los almacenes.

Justo al comienzo de la historia de José, el Corán resume esta verdad: ﴿وَاللَّهُ غَالِبٌ عَلَىٰ أَمْرِهِ وَلَٰكِنَّ أَكْثَرَ النَّاسِ لَا يَعْلَمُونَ﴾ («Dios prevalece en Su designio, pero la mayoría de la gente no lo sabe») (Yūsuf: 21). Es decir, todas las maquinaciones y artimañas que vendrán en el relato no son sino eslabones de un designio mayor que los maquinadores no ven.

Advertencia metodológica: «vuestra maquinación es grande» es palabra del ʿAzīz, no un dictamen del Corán

Es frecuente en el discurso popular citar las palabras «إنّ كيدكنّ عظيم» («en verdad, vuestra maquinación es grande») (Yūsuf: 28) para afirmar que el Corán dictamina que la maquinación de las mujeres es grande. La verificación del versículo muestra que quien habla es el ʿAzīz, dirigiéndose a su esposa después de ver la camisa de José rasgada por detrás; el Corán relata un dicho, no establece un dictamen independiente. El juicio del propio Corán sobre el kayd se expone en otros lugares, y es un juicio general que no se limita a un sexo: ﴿إِنَّ كَيْدَ الشَّيْطَانِ كَانَ ضَعِيفًا﴾ («En verdad, la maquinación de Satanás siempre ha sido débil») (al-Nisāʾ: 76), con lo que la maquinación del mayor de los maquinadores queda en debilidad ante la promesa de Dios a los creyentes.

Esto no significa negar la exageración retórica que hay en la frase del ʿAzīz como descripción de lo que vio; significa que un dicho transmitido no debe elevarse a la categoría de principio coránico. El principio coránico sobre el kayd es muy otro, y es el que traza la sección siguiente.

El destino de la maquinación humana: extravío, ruina y descarrío

Si seguimos las veintiséis apariciones del sustantivo kayd, vemos que el Corán dicta sobre la maquinación humana sentencias de distinto tenor pero de idéntico sentido: no alcanza su objetivo. Está «en extravío» para los incrédulos: ﴿وَمَا كَيْدُ الْكَافِرِينَ إِلَّا فِي ضَلَالٍ﴾ («Y la maquinación de los incrédulos no es sino extravío») (Ghāfir: 25); está «en ruina» para el Faraón: ﴿وَمَا كَيْدُ فِرْعَوْنَ إِلَّا فِي تَبَابٍ﴾ («Y la maquinación del Faraón no fue sino ruina») (Ghāfir: 37); está «en descarrío» para la gente del Elefante: ﴿أَلَمْ يَجْعَلْ كَيْدَهُمْ فِي تَضْلِيلٍ﴾ («¿No hizo que su maquinación se extraviara?») (al-Fīl: 2); es algo que Dios «debilita»: ﴿وَأَنَّ اللَّهَ مُوهِنُ كَيْدِ الْكَافِرِينَ﴾ («y que Dios debilita la maquinación de los incrédulos») (al-Anfāl: 18); y no daña a los pacientes y temerosos de Dios: ﴿وَإِن تَصْبِرُوا وَتَتَّقُوا لَا يَضُرُّكُمْ كَيْدُهُمْ شَيْئًا﴾ («Pero si sois pacientes y teméis a Dios, su maquinación no os dañará en nada») (Āl ʿImrān: 120). En la propia sura de Yūsuf, José cierra su causa con una regla que lo abarca todo: ﴿وَأَنَّ اللَّهَ لَا يَهْدِي كَيْدَ الْخَائِنِينَ﴾ («y que Dios no guía la maquinación de los traidores») (Yūsuf: 52), esto es, no hace prosperar su maquinación ni la conduce a su meta.

En cambio, cuando el kayd se atribuye a Dios, se lo describe como firme: ﴿وَأُمْلِي لَهُمْ ۚ إِنَّ كَيْدِي مَتِينٌ﴾ («Y les concedo un plazo; en verdad, Mi plan es firme») (al-Aʿrāf: 183; al-Qalam: 45), y se declara abiertamente el cara a cara: ﴿إِنَّهُمْ يَكِيدُونَ كَيْدًا ۝ وَأَكِيدُ كَيْدًا﴾ («En verdad, ellos urden una trama, y Yo urdo una trama») (al-Ṭāriq: 15-16). El Corán sitúa las dos tramas frente a frente en dos versículos consecutivos y decide el desenlace.

Cabe observar que el acto del kayd no se condena en todos los pasajes. Abraham, la paz sea con él, dice: ﴿وَتَاللَّهِ لَأَكِيدَنَّ أَصْنَامَكُم﴾ («¡Por Dios! Tramaré sin duda algo contra vuestros ídolos») (al-Anbiyāʾ: 57), y el Corán no lo reprende, sino que prosigue su relato. Esto confirma lo que dijeron los lingüistas: que el kayd en sí mismo es una forma de planificación, y que el juicio sobre él depende de su finalidad y de a quién alcanza.

El testimonio profético

El Profeta ﷺ enseñó a su comunidad una súplica que reúne todos estos significados: «رَبِّ أَعِنِّي وَلَا تُعِنْ عَلَيَّ، وَانْصُرْنِي وَلَا تَنْصُرْ عَلَيَّ، وَامْكُرْ لِي وَلَا تَمْكُرْ عَلَيَّ، وَاهْدِنِي وَيَسِّرِ الْهُدَى لِي، وَانْصُرْنِي عَلَى مَنْ بَغَى عَلَيَّ» («Señor mío, ayúdame y no ayudes a otros contra mí; dame la victoria y no des la victoria sobre mí; traza un plan en mi favor y no trames contra mí; guíame y facilítame la guía; y dame la victoria sobre quien se ha excedido contra mí»)[2]. Esta súplica emplea makr y no kayd, pero dibuja la misma verdad que dibuja la sura de Yūsuf: el creyente no se apoya sólo en su propia estratagema para repeler la maquinación de la gente, sino que pide a Dios que Su designio esté de su parte y no en su contra. José hizo esto literalmente cuando suplicó: ﴿وَإِلَّا تَصْرِفْ عَنِّي كَيْدَهُنَّ أَصْبُ إِلَيْهِنَّ﴾ («Y si no apartas de mí su maquinación, podría inclinarme hacia ellas») (Yūsuf: 33), y su Señor le respondió: ﴿فَصَرَفَ عَنْهُ كَيْدَهُنَّ﴾ («y Él apartó de él su maquinación») (Yūsuf: 34).

Una lectura desde los objetivos superiores

Los nueve pasajes del kayd en la sura de Yūsuf muestran que el Corán enseña al creyente tres medios para afrontar la maquinación, que ascienden de lo más ligero a lo más profundo. El primero es la discreción prudente: es lo que Jacob ordenó a su hijo. No le dijo «enfréntalos» ni «acúsalos», sino «no cuentes tu visión a tus hermanos», de modo que protegió a José con el silencio antes de protegerlo con la confrontación. El segundo es el recurso a Dios mediante la súplica cuando el esfuerzo humano resulta impotente, como hizo José en la cárcel. El tercero es la aceptación de que el designio de Dios es más amplio que toda estratagema humana, que José expresó al final de la prueba: ﴿إِنَّ رَبِّي لَطِيفٌ لِّمَا يَشَاءُ﴾ («En verdad, mi Señor es sutil en lo que quiere») (Yūsuf: 100). El tratamiento más detallado de este sentido vendrá en el artículo sobre el luṭf (la sutil benevolencia divina).

Es notable también que el propio José no estuvo exento de planificación: acordó con su hermano el asunto de la copa, y el Corán dijo que ello fue parte del kayd de Dios en su favor. Hay aquí una lección fina: la planificación no es reprobable en sí misma si se halla dentro del marco de la voluntad de Dios y de un fin justo, pero se convierte en kayd reprobable cuando se toma como camino hacia la injusticia. La diferencia entre ambos es que del primero se dice «a menos que Dios lo quiera», y del segundo, «Dios no guía la maquinación de los traidores».

La dimensión práctica contemporánea

En los entornos laborales, las instituciones y las comunidades digitales, el kayd adopta formas modernas: un rumor difundido en secreto, un rival desacreditado con un dato mutilado, un equipo apartado mediante una maniobra procedimental. Muchos de quienes lo sufren caen en uno de dos errores: o se convierten en maquinadores como sus adversarios, en nombre de la defensa propia, o se derrumban como si la maquinación fuera un destino sin remedio. El modelo coránico ofrece un tercer camino: paciencia y temor de Dios (Āl ʿImrān: 120), discreción prudente antes de que ocurra el daño (Yūsuf: 5), súplica para que se aparte la maquinación (Yūsuf: 33), y confianza en que la maquinación que no es guiada a su meta se volverá contra sus autores (Yūsuf: 52).

Para quien ha sido el autor de la maquinación, la lección es más severa: los hermanos de José planearon lo que planearon para librarse de él, y su plan se convirtió en el puente por el que él cruzó hasta la realeza; al cabo de los años acabaron de pie ante él, necesitados de su generosidad. No hay maquinación que no pueda ser ella misma el instrumento con que Dios lleva a cabo lo que se quería impedir.

La maquinación de Satanás: débil en sí misma, peligrosa si se descuida

La propia sura comienza con una advertencia sobre Satanás: ﴿إِنَّ الشَّيْطَانَ لِلْإِنسَانِ عَدُوٌّ مُّبِينٌ﴾ («En verdad, Satanás es para el ser humano un enemigo declarado») (Yūsuf: 5), como razón de que Jacob prohibiera a su hijo contar el sueño, como si dijera que la envidia de los hermanos no es sino el fruto de un susurro satánico. Lo confirman las palabras de José al final de la sura: ﴿مِن بَعْدِ أَن نَّزَغَ الشَّيْطَانُ بَيْنِي وَبَيْنَ إِخْوَتِي﴾ («después de que Satanás sembró [discordia] entre yo y mis hermanos») (Yūsuf: 100). La maquinación humana en el relato no estuvo desligada de otra maquinación más sutil que la movía.

Con todo, el Corán describe la maquinación de Satanás como débil: ﴿إِنَّ كَيْدَ الشَّيْطَانِ كَانَ ضَعِيفًا﴾ («En verdad, la maquinación de Satanás siempre ha sido débil») (al-Nisāʾ: 76). No hay contradicción en unir «enemigo declarado» con «su maquinación es débil»: la enemistad es real, y la debilidad es relativa a quien se ha refugiado en Dios; en cuanto a quien ha sido dejado a sí mismo, la maquinación de Satanás pesa sobre él. Quizá esto explique que José no confiara en su propia fuerza, sino que pidiera a Dios que apartara de él la maquinación.

Tres preguntas que el concepto plantea al lector

El lector puede salir de este estudio con tres preguntas con las que pedirse cuentas a sí mismo. Primera: ¿estoy en el lugar del maquinado o del maquinador? Si soy el maquinado, el relato contiene un camino de paciencia y súplica; si soy el maquinador, ya se ha visto el fin de quienes me precedieron. Segunda: ¿distingo entre la planificación legítima y el kayd reprobable? La planificación que preserva un derecho o repele una injusticia es lícita, y la que toma la falsedad como medio es rechazada. Tercera: ¿espero que la maquinación se vuelva en su contra conforme a la norma de Dios (sunna), o me apresuro a ello con una maquinación semejante? El relato indica lo primero.

Conclusión

La sura de Yūsuf comienza con el verbo yakīdū y termina con el verbo kidnā, y entre ambos verbos enseña que toda estratagema humana discurre dentro de un círculo mayor que ella, y que cuando Dios quiere elevar a un siervo hace de la maquinación de sus adversarios una escalera para él. Quien sabe que el kayd tiene dos agentes y no uno, se sosiega en que el último Maquinador es Dios, y en que Él sólo maquina en favor de Sus allegados.


Notas

  1. Las cifras de aparición de la raíz k-y-d y de sus formas proceden del Corpus Coránico Árabe (corpus.quran.com): 35 apariciones, de las cuales ocho son verbos (7:195, 11:55, 12:5, 12:76, 21:57, 77:39, 86:15, 86:16), veintiséis son sustantivos y una es un participio pasivo (52:42). [2]: Lo relataron Abū Dāwūd (1510), al-Tirmidhī (3551), Ibn Mājah (3830) y Aḥmad, por transmisión de ʿAbd Allāh ibn ʿAbbās, que Dios esté complacido con ambos; al-Tirmidhī dijo: ḥadīth ḥasan ṣaḥīḥ.↩
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