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Dr. Ahmed Abouseif
Imams Academy
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Serie · Episodio 4
El Imam en Occidente — Una Escuela para Forjar al Líder
Imamato y Liderazgo

El imam entre el dictamen individual y la voz de la comunidad

Cuarto episodio (y último) — cuando el dictamen pierde su brújula en la era de los algoritmos

Dr. Ahmed Abouseif16 de mayo de 202611 min de lectura

Por el Dr. Ahmed Mohamed Ali Abouseif, presidente de la American Imams Academy (Academia Americana de Imames).

Apertura: cuatro dictámenes para una sola pregunta

En una de las noches de Ramadán, un hermano musulmán del estado de Ohio envía una pregunta breve a cuatro grupos distintos de WhatsApp: «¿Es lícito tomar un préstamo hipotecario con interés fijo para comprar mi primera casa?»

En la mañana, despierta a cuatro respuestas contradictorias:

  • El primero (un shayj en YouTube de un país árabe): «Prohibido tajantemente, pues la usura es usura, y el préstamo hipotecario es como cualquier otro préstamo».
  • El segundo (el imam de una mezquita local): «Lícito por necesidad, pues alquilas toda tu vida y financias a otro, y desaprovechar la propiedad es un perjuicio».
  • El tercero (un predicador célebre en Instagram): «Haz lo que tranquilice tu corazón, pues el asunto está entre los dictámenes».
  • El cuarto (un modelo de inteligencia artificial célebre): «Tras revisar las diversas opiniones, algunos sabios prefieren…» —una respuesta que no dictamina ni guía.

¿Cuál de estas cuatro respuestas toma? ¿Con qué apoyo carga con el peso de la decisión? ¿Y por qué —en 2026— el musulmán en Occidente consulta 4 fuentes competidoras y no halla una sola respuesta en la que se tranquilice?

Esta escena, oh lector de esta serie, no es la cuestión de un consultante desconcertado. Esta es la crisis del dictamen en Occidente en la era de los algoritmos. Y este cuarto episodio de nuestra serie la aborda no para diagnosticarla solamente, sino para plantear los pilares de la alternativa.


En este episodio — cuatro ejes

1) El dictamen en su balanza clásica: ¿cuáles son sus condiciones históricas, y quién es el verdadero muftí? 2) El derrumbe del sentido en Occidente: ¿cómo se transformó el dictamen de un sistema firme a un caos digital? 3) La voz de la comunidad: ¿por qué necesitan los musulmanes en Occidente asambleas jurídicas, no individuos que dictaminan? 4) La inteligencia artificial y el dictamen: los límites de la herramienta, y su posición respecto del muftí humano.


Primero: el dictamen en su balanza clásica

En un libro eterno que Ibn Qayyim al-Ŷawziyya llamó «La información de los firmantes en nombre del Señor de los mundos»[1] —y en su denominación hay un milagro retórico por sí solo: el muftí firma en nombre de Dios, por lo que su firma es un testimonio, y su testimonio es una confianza, y su confianza, si se corrompe, hace caer a la gente en un ilícito que creen lícito, o un lícito que creen ilícito. Por ello Ibn al-Qayyim dedicó en el libro capítulos a las condiciones del muftí que resumimos aquí en tres:

La primera condición — la ciencia fundacional: la memorización de los textos jurídicos, la comprensión de los fundamentos de la jurisprudencia, el dominio del método de la deducción del texto, el conocimiento de los lugares del consenso y la diferencia entre las cuatro escuelas. No dictamina quien no conoce lo que acordaron los imames y lo que difirieron.

La segunda condición — la ciencia de la realidad (la jurisprudencia de la verificación): no basta la memorización del texto; el muftí debe comprender la cuestión del consultante con todas sus circunstancias. Y Ibn al-Qayyim afirmó en «La información de los firmantes» una regla preciosa: «El cambio del dictamen y su diferencia según el cambio de los tiempos, los lugares, los estados, las intenciones y las costumbres»[5], y en la regla jurídica: «El juicio sobre una cosa es una rama de su concepción». Quien no comprendió el sistema del préstamo hipotecario americano con sus detalles reales, no puede dictaminar sobre él —por más que memorice el texto.

La tercera condición — la piedad y el escrúpulo: el muftí evoca en cada pregunta la solemnidad de firmar en nombre de Dios. No se precipita, ni se fuerza, ni dictamina para ganar un público, ni para complacer a un financiador, ni para una aparición mediática. Y se transmite del imam Mālik (Dios se apiade de él) su dicho: «No respondí en una cuestión hasta que consulté a quien es más jurista que yo», y su palabra más célebre: «El dictamen debe ser más severo sobre el muftí que el látigo sobre su espalda»[6].

Estas tres condiciones —la ciencia, la verificación, el escrúpulo— son la balanza del dictamen clásico. Y toda alteración en una de ellas crea lo que se llama entre los juristas «el hablar sobre Dios sin ciencia».


Segundo: el derrumbe del sentido en Occidente

¿Qué es lo que cambió en Occidente que hizo que este sistema se derrumbe? Cambiaron cuatro asuntos:

El primer asunto — la abundancia de muftíes sin cualificación: cualquier persona con un teléfono inteligente puede fundar un canal en YouTube, llamarse a sí mismo «shayj», recibir las preguntas, y responderlas. Ningún examen que se aprueba, ninguna licencia que se concede, ninguna responsabilidad que sigue si yerra. Y en mi experiencia de campo, vi en Texas más de una vez dictámenes que emitieron «shayjs» que no estudiaron la jurisprudencia en su vida, que los recibieron musulmanes nuevos como si fueran una revelación bajada.

El segundo asunto — la separación del dictamen del contexto: el muftí lejano de América dictamina conforme a un contexto que no conoce. Le pregunta el hermano sobre «el trabajo en un restaurante que vende carne de cerdo», y dictamina su prohibición por analogía con la venta del vino, sin saber que el empleado no cocina ni sirve —sino que es un cajero en la máquina de pago, cuyo trabajo se ramifica de una transacción que no se menciona en los libros de jurisprudencia. El dictamen fuera del contexto, aunque esté dentro del texto, contradice la regla dorada: «El juicio sobre una cosa es una rama de su concepción».

El tercer asunto — la economía de la atención: las plataformas digitales recompensan el contenido excitante, no el contenido equilibrado. El dictamen que dice «lícito, pero…» no se difunde, y el dictamen que dice «¡prohibido tajantemente!» reúne millones. Así surge una competencia implícita por el rigorismo como una especie de «mercadotecnia intelectual», o por la indulgencia como una especie de «popularidad». En ambos casos, desaparece el dictamen equilibrado y verificado, porque —simplemente— no reúne seguidores. Y el algoritmo no distingue entre el sabio y el influyente.

El cuarto asunto — el musulmán nuevo y la segunda generación desconcertada: en cada mezquita en América, hallo musulmanes nuevos, e hijos de una segunda generación, que reciben sus preguntas diarias a través de TikTok, Reddit y los grupos de Discord. El dictamen para ellos no es una referencia, sino una opción en una lista. Y cada persona elige lo que concuerda con su pasión o aquello con lo que se aquieta su conciencia, de modo que el dictamen ya no toma su lugar como un juicio legislado, sino como una opinión en un mercado de opiniones. Y la segunda generación no vive una crisis de información, sino una crisis de referencia. Y esta es una transformación estructural que merece la pausa.


Tercero: ¿por qué necesitan los musulmanes en Occidente la voz de la comunidad?

La respuesta teórica es simple, y el Corán la mencionó hace catorce siglos: «Y su asunto es consulta entre ellos»[2], y «Preguntad a la gente del recuerdo si no sabéis»[3]. La gente del recuerdo es un plural, no un singular. Y el gran dictamen en las cuestiones generales colectivas —la luna nueva de Ramadán, la fiesta de la ruptura del ayuno, el trato con los bancos, la participación política, los casos técnicos nuevos— estos no son un asunto individual.

Prácticamente, la voz de la comunidad se manifiesta en Occidente en tres niveles que deben aunarse:

El primer nivel — las asambleas jurídicas mundiales y regionales: la Academia de la Jurisprudencia Islámica en Yeda, el Consejo Europeo de la Investigación y el Dictamen, la Asamblea de Juristas de la Legislación en América (AMJA), el Consejo de Juristas de Norteamérica. Estas entidades reúnen a decenas de sabios de trasfondos escolares diversos, que discuten el caso, y emiten una decisión colectiva. El juicio de estas asambleas no es legalmente vinculante en Occidente, pero es vinculante legislativamente para el musulmán piadoso, porque está más cerca del argumento que el dictamen del individuo.

El segundo nivel — los comités de dictamen locales: en cada gran ciudad debe haber un comité de dictamen compuesto de 3–5 de los sabios cualificados, que se reúnen mensualmente, y examinan las grandes preguntas que importan a la comunidad local. No toda pregunta merece una asamblea mundial, pero puede merecer un comité local. Esto es a lo que llamo en cada ciudad en que haya un número suficiente de musulmanes.

El tercer nivel — la disciplina del imam individual: incluso el imam individual cualificado debe conocer los límites de sí mismo. Dictamina en lo que sabe, se detiene en lo que ignora, y deriva lo que sale de su especialidad a quien es más sabio. Y esta es una virtud científica que casi se pierde: que el imam diga a su consultante «no sé, indagaré» en lugar de improvisar una respuesta sin fundamento. Y dijo el imam Mālik —y es transmitido de los predecesores antes de él—: «No sé es la mitad de la ciencia»[7] —y esta regla precisamente es lo que le falta al dictamen de Occidente hoy.


Cuarto: la inteligencia artificial y el dictamen — los límites de la herramienta

De feliz coincidencia —y el asombroso destino de Dios— es que este episodio se escribe en un tiempo que presenció el surgimiento de los modelos lingüísticos de inteligencia artificial (ChatGPT, Claude, Gemini, DeepSeek…) como herramientas que el musulmán en Occidente toma para consultar. Y en mi investigación presentada a la Casa del Dictamen Egipcia en el décimo congreso internacional bajo el título: «La realidad del dictamen en los Estados Unidos de América bajo la sombra de la inteligencia artificial»[4], dediqué esta cuestión al análisis, y resumo aquí tres conclusiones fundamentales:

Primero — la inteligencia artificial es una herramienta, no un muftí. El modelo lingüístico genera una respuesta basada en probabilidades estadísticas de lo que vio en su entrenamiento. No conoce la realidad que vive el consultante, ni evoca la piedad del muftí, ni teme la cuenta de Dios. Reúne los dichos, pero no carga con la responsabilidad de firmar en nombre de Dios. Y los juristas —cualquiera que sea su nivel— no pueden ceder esta responsabilidad a un modelo probabilístico.

Segundo — esto no significa el rechazo de la herramienta totalmente. La inteligencia artificial puede ser un auxiliar eficaz para el muftí humano: extrae los textos, traduce los términos, reúne las opiniones de los exegetas, descubre cuestiones que el muftí pudo haber descuidado. Pero no sustituye al muftí en la decisión final.

Tercero — el futuro del dictamen será «híbrido». El imam cualificado en el siglo XXI usará las herramientas digitales como usaron sus antepasados el cálamo y el tintero, luego añadirá a ellas el vivir en la realidad, la psicología, el escrúpulo, y la autoridad legislada. Este imam no lo fabrican los algoritmos, sino que lo fabrica una escuela que reúne al-Azhar y América, como planteamos en los episodios de esta serie completa.


Conclusión: el imam que conoce sus límites fabrica para la comunidad su brújula

En el primer episodio dijimos: el imam en Occidente no es un individuo sino el líder de una sociedad. En el segundo episodio dijimos: no lo fabrica una ciencia sola, sino ciencia + administración + contención psicológica. En el tercer episodio dijimos: no basta su fabricación; la institución debe portar con él la carga. En este cuarto episodio cerramos con la regla rectora: el imam que conoce los límites de su dictamen individual, y se integra en la voz de la comunidad científica, es el único que beneficia a la comunidad.

Porque el imam endiosado —que se ve a sí mismo una referencia única, no deriva una pregunta jamás, ni se detiene ante una cuestión— este imam, por más que se eleve su ciencia, es un peligro para la comunidad antes de ser un líder de ella. Y el imam humilde —que conoce qué conoce, y qué no conoce, y deriva, y consulta, y se detiene— este imam, por más que se humille su ciencia, es mejor para su comunidad que aquel.

Y los musulmanes en Occidente merecen hallar una sola brújula cuando preguntan por un préstamo hipotecario, o la luna nueva de Ramadán, o el juicio de las relaciones sociales. Esta brújula no viene de un «shayj de YouTube» por más que se engalane, ni de un modelo de inteligencia artificial por más que se ingenie, sino de entidades científicas colectivas en torno a las cuales se reúnen imames que conocen su lugar en el sistema.

Y aquí se cierra nuestra serie con lo que comenzó: el imam en Occidente no es una función, ni un individuo, ni siquiera un mero modelo de entrenamiento. El imam en Occidente es una posición en un sistema que se extiende de la mezquita a la asamblea, del individuo a la comunidad, y del momento del dictamen al legado de la civilización.

Y este sistema —si lo dominamos— es lo que hace de los musulmanes en Occidente una comunidad que lega, no un grupo que consume.


Un paso práctico tras leer este episodio

En la próxima semana, cada vez que se te presente una cuestión y quieras dictaminar en ella —para ti o para otro— detente ante tres preguntas antes de responder:

1) ¿Cuál es el contexto de esta pregunta exactamente? ¿Comprendo las circunstancias del consultante, su país, sus leyes y las circunstancias de su vida? 2) ¿Es esta una cuestión individual o colectiva? ¿Basta en ella el dictamen del imam local, o merece una asamblea jurídica? 3) ¿Tengo una ciencia suficiente, o es «no sé» la respuesta más provechosa?

Estas tres preguntas —si te acostumbras a ellas— transforman tu relación con el dictamen de una autoridad a la que se aspira a una confianza por la que se rinde cuentas. Y esta es la síntesis de estos cuatro episodios juntos.


La serie «El imam en Occidente — una escuela para la fabricación del líder»

| El episodio | El título | |---------|---------| | El primero | De la imamía de la oración a la imamía de la sociedad | | El segundo | La fabricación del imam contemporáneo: la ciencia, la administración y la contención psicológica | | El tercero | ¿Por qué necesitan las mezquitas de Occidente una mente institucional? | | El cuarto (este episodio) | El imam entre el dictamen individual y la voz de la comunidad |


Las notas


Lo escribió el imam Dr. Ahmed Muhammad Ali Abouseif — doctor en exégesis y ciencias del Corán por la Universidad de al-Azhar, exdirector de la Administración General de la Orientación Religiosa en el Ministerio de Legados Egipcio, y fundador y presidente de la Academia Americana de los Imanes en Plano-Texas.

El cuarto y último episodio de la serie «El imam en Occidente — una escuela para la fabricación del líder».

Notas

  1. Ibn Qayyim al-Ŷawziyya, Šams al-Dīn Abū ʿAbd Allāh Muhammad ibn Abī Bakr, *La información de los firmantes en nombre del Señor de los mundos*, edición de Muhammad ʿAbd al-Salām Ibrāhīm, Dār al-Kutub al-ʿIlmiyya. El libro —en cuatro tomos— es la mayor referencia en la jurisprudencia del dictamen, su responsabilidad y las condiciones del muftí a través del patrimonio islámico.
  2. Sura de la Consulta, aleya 38.
  3. Sura de las Abejas, aleya 43.
  4. Abouseif, Ahmed Muhammad Ali, *La realidad del dictamen en los Estados Unidos de América bajo la sombra de la inteligencia artificial*, investigación presentada en el décimo congreso internacional de la Casa del Dictamen Egipcia, 2025.
  5. Ibn Qayyim al-Ŷawziyya, *La información de los firmantes en nombre del Señor de los mundos*, el capítulo que dedicó a «el cambio del dictamen y su diferencia según el cambio de los tiempos, los lugares, los estados, las intenciones y las costumbres», que es de los más preciosos capítulos del libro y de los más citados en la jurisprudencia del dictamen contemporánea.
  6. Transmitido del imam Mālik en los libros de las eticidades legisladas. Véase: el cadí ʿIyāḍ, *El ordenamiento de las percepciones y el acercamiento de los caminos para el conocimiento de las eminencias de la escuela de Mālik*, e Ibn ʿAbd al-Barr, *El compendio de la exposición de la ciencia y su mérito*.
  7. Transmitido del imam Mālik y de los predecesores antes de él. Véase: al-Jaṭīb al-Bagdādī, *El jurista y el aprendiz de jurisprudencia* (2/163), e Ibn ʿAbd al-Barr, *El compendio de la exposición de la ciencia y su mérito*.
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