A
Dr. Ahmed Abouseif
Imams Academy
Tamaño
Volver a los artículos
Serie · Episodio 10
Conceptos de la Fe
Conceptos de la Fe

El tawakkul en el Corán

delegación, no pasividad

Dr. Ahmed Abouseif•28 de junio de 2026•10 min de lectura

El tawakkul coránico es encomendar el propio asunto a un Apoderado que todo lo basta, una vez tomados todos los medios a nuestro alcance, y nunca un pretexto para la desidia: une el esfuerzo y la consulta a un corazón sosegado en Dios.

Por el Dr. Ahmed Muhammad Ali Abouseif, presidente de la American Imams Academy (AIA)

Cuando el pueblo de Abraham encendió la hoguera y lo arrojó a ella, él no tenía ejército, ni ardid, ni camino visible de salvación. Ibn ʿAbbās (que Dios esté complacido con ambos) refiere, en un relato que al-Bujārī recogió en su Ṣaḥīḥ, que las últimas palabras de Abraham (la paz sea con él) cuando fue lanzado al fuego fueron: «حَسْبِيَ اللَّهُ وَنِعْمَ الْوَكِيلُ»,[1] «Me basta Dios, y qué excelente Apoderado (wakīl)». Una sola frase, elegida por el Amigo Íntimo del Misericordioso en el instante más angustioso que ha conocido ser humano alguno: no «me salvaré», ni «alguien me rescatará», sino «Dios es mi Apoderado». Es como si pusiera a su Señor por testigo de que le había delegado todo su asunto, de modo que, ya lo consumiera la llama o lo respetara, el Apoderado había tomado el asunto en sus manos.

La raíz y su recuento

La raíz w-k-l aparece en el Corán setenta veces, en cuatro formas. La primera es el verbo intensivo wukkila, «fue hecho responsable del asunto», que figura dos veces (6:89 y 32:11, como el Ángel de la Muerte, a quien se «encargó» (wukkila) de tomar las almas). La segunda es el verbo tawakkala, del patrón tafaʿʿala, que aparece cuarenta veces; es la forma más frecuente y constituye el núcleo mismo del tema coránico del tawakkul. La tercera es el nombre wakīl, que aparece veinticuatro veces, a veces como atributo de Dios (﴿وَكَفَىٰ بِاللَّهِ وَكِيلًا﴾, «y basta Dios como Apoderado») y a veces para negar tal cargo a los propios profetas (﴿وَمَا أَنْتَ عَلَيْهِمْ بِوَكِيلٍ﴾, «tú no eres guardián de ellos»). La cuarta es el participio activo mutawakkilūn, que aparece cuatro veces.

La raíz lingüística: de la agencia comercial a la agencia del corazón

En el uso corriente del árabe, el wakīl es aquel a quien se delega un asunto para que lo lleve a cabo en nombre de su dueño. Un hombre nombra a otro agente suyo para vender sus mercancías o administrar su hacienda. Eso no significa que el dueño abandone su hacienda sin vigilancia, sino que confía en aquel a quien ha escogido para obrar con acierto, mientras él prosigue con sus demás asuntos.

Cuando el Corán emplea el verbo tawakkala (un patrón que suele indicar que el agente hace del acto una cualidad propia) para describir la relación del siervo con su Señor, traslada ese mismo sentido comercial a la relación más íntima posible: el siervo toma a Dios por Apoderado de todo su asunto. No significa esto abandonar los medios, sino confiar plenamente en que Aquel a quien se ha encomendado el asunto, Dios solo, es garante suficiente de él.

La estructura central: delegación, no pasividad

Esta fina distinción entre delegar y quedarse inerte es la clave con que el Corán y la Sunna resuelven juntos un malentendido extendido sobre el tawakkul, que a veces lo reduce al descuido de los medios por confiar en el destino. Un hombre preguntó una vez al Profeta ﷺ: «يَا رَسُولَ اللَّهِ، أُرْسِلُ نَاقَتِي وَأَتَوَكَّلُ، أَمْ أَعْقِلُهَا وَأَتَوَكَّلُ؟» «Mensajero de Dios, ¿suelto mi camella y me encomiendo a Dios, o la ato y me encomiendo a Dios?». La respuesta fue tajante: «بَلِ اعْقِلْهَا وَتَوَكَّلْ»,[2] «Átala, y luego encomiéndate a Dios».

El Profeta ﷺ no le dijo que dejara suelta a la camella por confiar en Dios. Le mandó tomar el medio evidente (trabarla y asegurarla) y encomendar después el resultado a Dios. El verdadero tawakkul se compone, pues, de dos elementos, ninguno de los cuales se sostiene solo: tomar los medios a nuestro alcance y delegar luego el resultado por entero en Aquel que mejor puede disponerlo.

Cuando el tawakkul se confunde con el tawākul

Más que otros conceptos hermanos, este ha sufrido la confusión con una palabra parecida en el sonido y distinta en el sentido: el tawākul, la dependencia ociosa. El tawakkul, como hemos visto, es una delegación seguida de sosiego tras haber tomado los medios. El tawākul es el abandono de los medios por completo, un apoyarse pasivamente en el destino que sirve de pretexto a la pereza.

El shaij al-Islam Ibn Taymiyya traza la diferencia con una frase precisa: «Volver la mirada hacia los medios es una falta contra la unicidad de Dios, y borrar los medios en cuanto medios es un defecto de la razón».[3] El corazón no puede apoyarse en un medio como si fuera un igual, ni la mente negar que existan medios. Más bien se toma el medio en el lugar que le corresponde en el orden de las cosas, mientras el corazón se aferra al Causante de las causas. El imam al-Ghazālī describe el estado del tawakkul como «oscuro en el saber, manifiesto en la acción»:[4] su realidad interior es sutil y difícil de alcanzar, pero su huella en los miembros es clara, un esfuerzo que nunca cesa y un corazón que nunca se inquieta.

ʿUmar y la gente del Yemen: no dejes de buscar el sustento

Pocas cosas encarnan esta diferencia con más elocuencia que un relato de ʿUmar ibn al-Khaṭṭāb (que Dios esté complacido con él). Vio a un grupo de yemeníes que habían abandonado su trabajo y se habían instalado en la mezquita, alegando el tawakkul. Dijo: «Que ninguno de vosotros deje de buscar su sustento y diga: “Oh Dios, provéeme”, sabiendo que el cielo no llueve oro ni plata». Y recitó:

﴿فَإِذَا قُضِيَتِ الصَّلَاةُ فَانْتَشِرُوا فِي الْأَرْضِ وَابْتَغُوا مِنْ فَضْلِ اللَّهِ﴾ (62:10)[5]

«Y cuando concluya la oración, dispersaos por la tierra y buscad el favor de Dios.»

ʿUmar unió así la aleya que manda dispersarse por la tierra en busca del sustento, justo después de la oración, con la verdad de que Dios «solo provee a los hombres los unos por medio de los otros», es decir, mediante el esfuerzo y el trato, no sentándose a esperar. Aunque su contexto difiere del de Abraham en el fuego, este relato lo completa por el otro lado. Abraham no tenía medio alguno que tomar frente a la hoguera, y por eso entregó el asunto entero; el que busca su sustento sí tiene un medio (el esfuerzo y el trabajo), y no le es lícito renunciar a él en nombre de un tawakkul que no se le ha prescrito en este caso.

Un modelo que une el tawakkul a la consulta

Entre las apariciones más delicadas de la raíz en el Corán está su emparejamiento con la consulta, en una sola aleya que describe el método del liderazgo profético:

﴿وَشَاوِرْهُمْ فِي الْأَمْرِ فَإِذَا عَزَمْتَ فَتَوَكَّلْ عَلَى اللَّهِ﴾ (3:159)

«Y consúltalos en el asunto; luego, cuando hayas resuelto, encomiéndate a Dios.»

La aleya no hace del tawakkul un sustituto de la consulta y la deliberación, sino su continuación: consulta primero y, cuando hayas decidido tras la consulta, encomienda a Dios el resultado final. En este orden (consulta, resolución, tawakkul) hay otra confirmación de que el tawakkul no exime de agotar los medios racionales y consultivos, sino que viene después de ellos para sosegar el corazón respecto de lo que escapa al control humano.

Otro modelo: una negación que aclara el sentido

La precisión con que el Corán usa la palabra wakīl se ve también en que la emplea para negar a los propios profetas un cargo que no poseen. Cuando la gente se niega a creer, el Corán dice en boca del Mensajero:

﴿وَمَا أَنْتَ عَلَيْهِمْ بِوَكِيلٍ﴾ (6:107; igualmente 10:108, 39:41, 42:6)

«Tú no eres apoderado sobre ellos.»

La tarea del Mensajero es transmitir, no tener a su cargo los corazones de los hombres ni guiarlos; esa encomienda pertenece a Dios solo. La reiteración de la palabra en contexto de negación confirma que el Corán usa wakīl en su sentido exacto: el que asume plenamente un asunto en nombre de otro, cosa que, en materia de guía y de gobierno del cosmos, nadie posee sino Dios.

Un tercer modelo: una salida y un sustento sin cálculo

En la sura al-Ṭalāq, el Corán une el tawakkul a dos frutos inmediatos:

﴿وَمَنْ يَتَّقِ اللَّهَ يَجْعَلْ لَهُ مَخْرَجًا. وَيَرْزُقْهُ مِنْ حَيْثُ لَا يَحْتَسِبُ وَمَنْ يَتَوَكَّلْ عَلَى اللَّهِ فَهُوَ حَسْبُهُ﴾ (65:2-3)

«Y a quien se guarda de Dios, Él le abrirá una salida y le proveerá de donde no cuenta. Y a quien se encomienda a Dios, Él le basta.»

Hay aquí una suave progresión: la taqwā abre la salida y el tawakkul trae el sustento de un lugar con el que no se contaba. La palabra ḥasbuhu, «le basta», repite la misma raíz que Abraham pronunció en el fuego (ḥasbiya Allāh), como si la aleya confirmara, en lenguaje de revelación, lo que el Amigo Íntimo del Misericordioso hizo en su hora más extrema: a quien toma a Dios por Apoderado, Dios le basta en cuanto le atañe.

Un cuarto modelo: la misma palabra a través de la historia

Las mismas palabras que Abraham dijo en el fuego las dijeron los creyentes tras la batalla de Uḥud, cuando les llegó que Quraysh reunía un ejército para volver y aniquilarlos:

﴿الَّذِينَ قَالَ لَهُمُ النَّاسُ إِنَّ النَّاسَ قَدْ جَمَعُوا لَكُمْ فَاخْشَوْهُمْ فَزَادَهُمْ إِيمَانًا وَقَالُوا حَسْبُنَا اللَّهُ وَنِعْمَ الْوَكِيلُ﴾ (3:173)

«Aquellos a quienes los hombres dijeron: “Las gentes se han reunido contra vosotros; temedlas”, pero eso solo les acrecentó la fe, y dijeron: “Nos basta Dios, y qué excelente Apoderado”.»

El relato profético con que se abrió este artículo aclara que esa misma frase «قَالَهَا إِبْرَاهِيمُ عَلَيْهِ السَّلَامُ حِينَ أُلْقِيَ فِي النَّارِ، وَقَالَهَا مُحَمَّدٌ ﷺ»,[1] «la dijo Abraham, la paz sea con él, cuando fue arrojado al fuego, y la dijo Muhammad ﷺ» cuando le amenazaron con la concentración de sus enemigos. Las dos situaciones difieren por completo en los detalles, una hoguera encendida una vez, un ejército reunido otra, pero la respuesta del corazón confiado es una e invariable entre los profetas y sus seguidores: encomendar el asunto al mejor de los apoderados. No es una frase dicha, sino una postura asumida en el instante del máximo peligro, cuando se ha agotado todo recurso humano visible.

El testimonio profético

Al-Tirmidhī e Ibn Mājah transmiten, de ʿUmar ibn al-Khaṭṭāb (que Dios esté complacido con él), que el Profeta ﷺ dijo:

«لَوْ أَنَّكُمْ تَتَوَكَّلُونَ عَلَى اللَّهِ حَقَّ تَوَكُّلِهِ، لَرَزَقَكُمْ كَمَا يَرْزُقُ الطَّيْرَ: تَغْدُو خِمَاصًا وَتَرُوحُ بِطَانًا»[6]

«Si os encomendarais a Dios como se debe, Él os proveería como provee a las aves: salen por la mañana hambrientas y vuelven por la tarde saciadas.»

Las aves parten al comienzo del día con el vientre vacío y regresan al final, llenas y satisfechas. El Profeta ﷺ no dijo: «Os proveería mientras estáis acurrucados en vuestros nidos». Dijo que las aves salen por la mañana, es decir, se afanan y vuelan en busca de su sustento, y luego regresan, y Dios las ha bastado. La propia comparación confirma la estructura central: el verdadero tawakkul no excusa de salir y esforzarse, sino que lo acompaña y sosiega el corazón en medio de ello.

Una lectura a la luz de los fines superiores

Los sabios observan que el Corán hace del tawakkul una cualidad inseparable de la fe, no un añadido, cuando dice: ﴿وَعَلَى اللَّهِ فَتَوَكَّلُوا إِنْ كُنْتُمْ مُؤْمِنِينَ﴾ (5:23), «Y en Dios encomendaos, si sois creyentes». Liga la realización de la fe a la realización del tawakkul, y no solo al asentimiento interior. Algunos sostienen que el secreto de este vínculo es que el tawakkul es el fruto práctico de la certeza de que todo el asunto está en la mano de Dios. Quien cree de veras que no hay más ordenador que Él está obligado a encomendarle sus asuntos; de lo contrario, su fe interior quedaría separada de su conducta.

De ahí que algunos de las primeras generaciones entendieran las palabras ﴿وَعَلَى اللَّهِ فَلْيَتَوَكَّلِ الْمُؤْمِنُونَ﴾, «y en Dios encomiéndense los creyentes» (que se repiten con el mismo sentido, según el texto árabe, en seis lugares), no como una orden añadida a la fe, sino como el desarrollo de lo que la fe misma exige en la conducta.

Cabe observar también que la mayoría de los pasajes que ordenan el tawakkul siguen a la mención de una prueba o un enfrentamiento en que el destinatario no dispone de todos los medios: el combate, la acusación de falsedad, el daño de los enemigos o el temor a la escasez. Esto hace probable que el tawakkul, en el orden coránico, no sea un estado igualmente presente en todo momento, sino que se invoca con más intensidad en los mismos confines de la impotencia humana, allí donde termina lo que el hombre puede idear y comienza lo que escapa a su poder.

Por esta posición del tawakkul en la estructura de la fe, Ibn al-Qayyim lo eleva a un alto rango en Madārij al-Sālikīn: «El tawakkul es la mitad de la religión, y la otra mitad es la ināba (el retorno a Dios), pues la religión es pedir ayuda y adorar; el tawakkul es el pedir ayuda, y la ināba es la adoración».[7] Según esta división, la religión no se completa con un culto cuya forma exterior es obediencia si no lo acompaña un tawakkul cuya esencia interior es el pedir ayuda. Pues las palabras ﴿إِيَّاكَ نَعْبُدُ وَإِيَّاكَ نَسْتَعِينُ﴾ (1:5), «A Ti solo adoramos y a Ti solo pedimos ayuda», eje de la sura al-Fātiḥa, que se recita en cada unidad de la oración, reúnen las dos mitades: una adoración inseparable de la petición de ayuda, y un tawakkul inseparable de la adoración. Ibn al-Qayyim llama a la estación del tawakkul «la más amplia y más abarcadora de las estaciones», porque la necesidad que el siervo tiene de pedir ayuda a su Señor lo acompaña en todos sus asuntos, y no solo en las grandes pruebas.

Recogimiento, fe y tawakkul: un solo retrato

Si se quiere ver el tawakkul como una cualidad encarnada en un cuadro de conjunto, la sura al-Anfāl traza para los verdaderos creyentes tres rasgos enlazados:

﴿إِنَّمَا الْمُؤْمِنُونَ الَّذِينَ إِذَا ذُكِرَ اللَّهُ وَجِلَتْ قُلُوبُهُمْ وَإِذَا تُلِيَتْ عَلَيْهِمْ آيَاتُهُ زَادَتْهُمْ إِيمَانًا وَعَلَىٰ رَبِّهِمْ يَتَوَكَّلُونَ﴾ (8:2)

«Los creyentes son solo aquellos cuyos corazones se estremecen cuando se menciona a Dios, y cuando se les recitan Sus aleyas les acrecientan la fe, y en su Señor se encomiendan.»

El estremecimiento del corazón ante el recuerdo, el crecimiento de la fe al oír las aleyas y la confianza en Dios: los tres van juntos en el retrato del verdadero creyente. El tawakkul no está aislado del efecto que el recuerdo y el Corán obran en el corazón. Las dos aleyas siguientes completan el cuadro:

﴿الَّذِينَ يُقِيمُونَ الصَّلَاةَ وَمِمَّا رَزَقْنَاهُمْ يُنْفِقُونَ. أُولَٰئِكَ هُمُ الْمُؤْمِنُونَ حَقًّا﴾ (8:3-4)

«Los que establecen la oración y gastan de lo que les hemos proveído. Esos son los creyentes de verdad.»

La descripción se cierra con una oración establecida y una dádiva no escatimada, dos actos que solo puede realizar quien se afana y trabaja, nunca quien se sienta y se apoya. El verdadero hombre de tawakkul, en este retrato de conjunto, es un corazón reverente, una fe que crece, una oración sostenida y unos bienes gastados: una conducta íntegra, y no una palabra pronunciada en la hora de la dificultad y olvidada en la holgura.

La dimensión práctica contemporánea

Muchos confunden el tawakkul con el tawākul, e imaginan que descuidar los medios (no planificar el futuro, ser negligente en el trabajo, relajar la prudencia) es una forma elevada de tawakkul. El hadiz «átala y encomiéndate» derriba esta idea desde su raíz. El verdadero apoderado no exime de su deber a quien lo nombró: asume lo que el mandante no puede controlar, una vez que este ha hecho cuanto está a su alcance.

En el mundo del trabajo y de los proyectos, esto ofrece una medida práctica: la persona debe planificar, consultar y tomar todo medio disponible, y encomendar luego el resultado final a Dios, sin una ansiedad que lo amargue ni una dilación que lo paralice. Ahí está la diferencia entre un corazón sereno que trabaja con ahínco y no se agota en el temor al fracaso, y un corazón que es ocioso en nombre del tawakkul o inquieto en nombre de la cautela. Ambos están lejos del tawakkul que el Corán describe.

Las palabras de Abraham y de los Compañeros del Profeta ﷺ, «Nos basta Dios, y qué excelente Apoderado», sirven de guía práctica para los momentos en que se han agotado todos los recursos: cuando alguien afronta un diagnóstico médico grave, una pérdida económica que no puede reparar o una decisión crucial que ha salido por completo de sus manos. Justo entonces, cuando no queda medio que tomar ni plan que disponer, el tawakkul aparece en su forma más clara: no una incapacidad de actuar, sino la calma que llega después de haber agotado toda acción posible.

Conclusión

Desde la frase que Abraham pronunció en el corazón del fuego, hasta la camella cuyo dueño recibió el mandato de atarla antes de encomendarse, hasta el ave que sale afanándose y regresa provista, hasta ʿUmar ibn al-Khaṭṭāb mandando a los ociosos que se dispersaran por la tierra, el Corán y la Sunna trazan para el tawakkul un solo sentido invariable: que la persona gaste los medios de que dispone y encomiende luego a Dios lo que no está en su mano, seguro de que el mejor apoderado de su asunto es Aquel a quien lo ha encomendado, y de que la fe de su corazón solo se completa cuando se reúnen en él el recogimiento, la confianza y el obrar.

Y nos basta Dios, y qué excelente Apoderado.


Notas

  1. Lo transmitió al-Bujārī en su Ṣaḥīḥ, n.º 4563, por vía de ʿAbd Allāh ibn ʿAbbās (que Dios esté complacido con ambos). [2]: Lo transmitió al-Tirmidhī, por vía de Anas ibn Mālik (que Dios esté complacido con él). [3]: Ibn Taymiyya, Majmūʿ al-Fatāwā, en el capítulo sobre la unicidad divina y el tawakkul. [4]: Al-Ghazālī, Iḥyāʾ ʿUlūm al-Dīn, el Libro de la Unicidad Divina y el Tawakkul. [5]: Relato de ʿUmar ibn al-Khaṭṭāb (que Dios esté complacido con él), citado por varios exégetas y juristas en el capítulo sobre el ganarse el sustento, entre ellos al-Ghazālī en Iḥyāʾ ʿUlūm al-Dīn, que lo toma de las primeras generaciones. [6]: Lo transmitieron al-Tirmidhī (n.º 2344) e Ibn Mājah (n.º 4164); al-Tirmidhī dijo: hadiz ḥasan, por vía de ʿUmar ibn al-Khaṭṭāb (que Dios esté complacido con él). [7]: Ibn al-Qayyim, Madārij al-Sālikīn bayna Manāzil Iyyāka Naʿbudu wa Iyyāka Nastaʿīn, la estación del tawakkul.↩
Comparte este artículo

Comentarios

Comparte un beneficio o una idea sobre el artículo; agradecemos tu opinión.

Aún no hay comentarios publicados. Sé el primero en comentar.

Esperamos que el artículo te haya sido de provecho, y agradecemos tu comentario y tu consejo.

Pregunta al Jeque