La istiqāma en el Corán
una firmeza que no conoce el sentarse
La istiqāma no es una afirmación hecha una sola vez, sino un estar en pie que se renueva en cada decisión: el corazón erguido sobre la verdad, desde la posición diaria de la oración hasta la comparecencia final ante el Señor de los mundos.
Por el Dr. Ahmed Muhammad Ali Abouseif, presidente de la American Imams Academy (AIA)
Abū Bakr (que Dios esté complacido con él) vio unas canas en la barba del Profeta ﷺ, que se hallaba aún en la plenitud de su misión, y exclamó asombrado: «¡Oh Mensajero de Dios, has envejecido!». El Profeta ﷺ respondió con unas palabras que no aludían ni a la edad avanzada ni a la fatiga del viaje, sino a unas aleyas concretas:
«شيّبتني هودٌ وأخواتها»
«Me han encanecido Hūd y sus hermanas.»[1]
¿Qué aleya de la sura de Hūd tuvo un peso tal que dibujó las canas en el rostro de quien no habla por simple deseo? Según más de uno de los comentaristas de este hadiz, la respuesta es una sola aleya:
﴿فَاسْتَقِمْ كَمَا أُمِرْتَ وَمَنْ تَابَ مَعَكَ وَلَا تَطْغَوْا﴾ (11:112)
«Mantente firme, como se te ha ordenado, y también quienes se han vuelto a Dios arrepentidos contigo, y no os excedáis.»
Una sola orden, de cinco palabras, pesó más sobre el Profeta ﷺ que veinte años de transmisión del mensaje, de desmentidos y de asedio: «Mantente firme».
Un círculo dentro de otro círculo
La raíz q-w-m figura entre las de más amplia presencia en el Corán, con unas seiscientas sesenta apariciones. Pero la mayor parte de esa cifra queda lejos de nuestro tema: trescientas ochenta y tres pertenecen al vocablo qawm, «pueblo» o «comunidad», que nada tiene que ver con la rectitud moral. El círculo que examina este artículo es más estrecho y más fino. Comprende el verbo istaqāma, de la forma que expresa búsqueda y esfuerzo (istafʿala), que aparece diez veces en nueve lugares;[2] el participio activo mustaqīm, que aparece treinta y siete veces, casi siempre en la expresión fija «el camino recto» (al-ṣirāṭ al-mustaqīm), que se repite como un estribillo a lo largo de las suras; el adjetivo qayyim (cinco veces, como en «la religión recta»); y el nombre aqwam (cuatro veces, con el sentido de «lo más correcto» y «lo más firme»).
Solo este círculo es nuestro testimonio verbal directo. «Establecer la oración» (iqāmat al-ṣalāh), «el Día de la Resurrección» (yawm al-qiyāma) y al-Qayyūm son derivados de la misma raíz, pero constituyen otras formas con significados distintos. Volveremos a ellos como una conexión temática esclarecedora, no como testimonios verbales directos de la istiqāma en sí.
De la postura del cuerpo a la postura del corazón
El sentido primario de q-w-m es estar erguido y de pie, lo contrario de caer, postrarse o sentarse. Se dice qāma al-rajul cuando un hombre se incorpora tras haber estado sentado o tendido. La forma istafʿala de istaqāma lleva el sentido de búsqueda y esfuerzo: que la persona se empeñe en alcanzar esa rectitud para sí y en conservarla, y que no sea un estado que le sobrevenga por azar. Así, istaqāma al-ṭarīq se dice del camino que no se tuerce, e istaqāma al-rajul ʿalā al-amr del hombre que se atiene a un asunto y no se aparta de él ni a la derecha ni a la izquierda. De ahí que la istiqāma en el ser humano sea algo así como un estar en pie interior del corazón que corresponde al estar en pie exterior del cuerpo. Como el cuerpo se yergue y no se encorva, el corazón se yergue sobre la verdad y no se inclina.
Un solo estar en pie, tres escenarios
Este sentido original, el estar erguido, es el que reúne en una sola imagen, por vía de conexión temática y no de testimonio verbal directo, tres escenarios distintos del Corán, todos de la misma raíz.
El primero es el estar en pie del cuerpo en la oración:
﴿وَقُومُوا لِلَّهِ قَانِتِينَ﴾ (2:238)
«Y estad en pie ante Dios, devotamente obedientes.»
A él pertenece «el establecimiento de la oración», que se repite decenas de veces como condición del éxito. El segundo es el estar en pie de la creación el Día de la Resurrección:
﴿يَوْمَ يَقُومُ النَّاسُ لِرَبِّ الْعَالَمِينَ﴾ (83:6)
«El Día en que los hombres comparezcan ante el Señor de los mundos.»
Ese día cada ser humano está en pie a solas, sin apoyo ni linaje. El tercero es el estar en pie del corazón sobre la rectitud en la vida cotidiana, que es el tema de este artículo.
Es como si el Corán trazara una sola imagen del estar en pie en tres grados: uno corporal y diario (la oración); otro del corazón, que se prolonga en el tiempo (la istiqāma); y otro final, del que no hay escapatoria (la Resurrección). La rectitud es el puente que une el primero con el tercero. Quien ha hecho costumbre de estar en pie ante Dios en su oración diaria es más capaz de estar en pie por Él en todo el asunto de su vida, y más firme cuando comparezca ante Él a solas el día en que no valdrán ni la riqueza ni los hijos.
Otra conexión temática notable es que el adjetivo qayyim, cercano en derivación a la istiqāma, se aplica a la religión misma en el mismo pasaje de la sura de al-Rūm que contiene juntas la aleya de la fiṭra y la aleya de la ḥanīfiyya (30:30):
﴿ذَٰلِكَ الدِّينُ الْقَيِّمُ﴾
«Esa es la religión recta.»
La expresión se repite en la aleya 43 de la misma sura. Es como si una sola sura reuniera, en aleyas contiguas, tres conceptos de esta serie: una ḥanīfiyya que es la inclinación continuada; una fiṭra que es el origen sano sobre el que esa inclinación descansa; y una religión recta que es la meta de la rectitud que alcanza quien es sincero en su inclinación.
Una orden que pesa y una firmeza que se recompensa
La aleya que encaneció al Profeta ﷺ (11:112) no carga sola con este peso. En la sura de Fuṣṣilat la orden se repite en una forma más amplia:
﴿إِنَّمَا إِلَٰهُكُمْ إِلَٰهٌ وَاحِدٌ فَاسْتَقِيمُوا إِلَيْهِ وَاسْتَغْفِرُوهُ﴾ (41:6)
«Vuestro Dios es solo un Dios único; sed, pues, rectos hacia Él y pedidle perdón.»
El perdón se menciona después de la rectitud como reconociendo que la rectitud perfecta, sin falta alguna, es inalcanzable; así, la rectitud camina de la mano del pedir perdón y no se le opone. En la misma sura viene la aleya de la recompensa:
﴿إِنَّ الَّذِينَ قَالُوا رَبُّنَا اللَّهُ ثُمَّ اسْتَقَامُوا تَتَنَزَّلُ عَلَيْهِمُ الْمَلَائِكَةُ أَلَّا تَخَافُوا وَلَا تَحْزَنُوا﴾ (41:30)
«En verdad, sobre quienes dicen: “Nuestro Señor es Dios” y luego se mantienen firmes, descienden los ángeles [diciendo]: “No temáis ni os entristezcáis.”»
Se repite en sentido en 46:13. Lo llamativo de esta aleya es que el solo decir «Nuestro Señor es Dios» no hizo descender a los ángeles; la recompensa quedó pendiente de las palabras «y luego se mantienen firmes». La primera declaración es condición necesaria pero no suficiente, y la rectitud posterior es la que acredita la afirmación. En otro lugar el asunto se deja a la libre elección de la persona, sin coacción:
﴿لِمَنْ شَاءَ مِنْكُمْ أَنْ يَسْتَقِيمَ﴾ (81:28)
«Para quien de vosotros quiera ser recto.»
La rectitud queda así afirmada como un don ofrecido, no como un decreto impuesto.
Un pasaje ensancha el círculo de la rectitud más allá del culto individual hasta abarcar la fidelidad a los pactos entre los pueblos:
﴿فَمَا اسْتَقَامُوا لَكُمْ فَاسْتَقِيمُوا لَهُمْ﴾ (9:7)
«Mientras sean rectos con vosotros, sed rectos con ellos.»
Esto se dice en el contexto de los tratados de los musulmanes con ciertos idólatras. En esta única aleya la forma istaqāma aparece dos veces en una misma frase, una para la otra parte y otra para los propios musulmanes. El Corán afirma así que la rectitud no es una virtud puramente religiosa que se ejerce en el retiro, sino un rasgo de carácter que se extiende a la fidelidad al contrato y a la palabra incluso con quien difiere en religión, mientras él sea recto en su propia fidelidad. Quien supone que la rectitud se reduce a la oración, al ayuno y a los asuntos privados del individuo ha pasado por alto esta aleya, que sitúa la veracidad en el trato social y político en el mismo núcleo de la rectitud y no en su margen.
Una palabra que lo abarca todo y el temor a la lengua
Sufyān ibn ʿAbd Allāh al-Thaqafī (que Dios esté complacido con él) preguntó al Profeta ﷺ:
«يا رسول الله، قل لي في الإسلام قولاً لا أسأل عنه أحداً بعدك»
«¡Oh Mensajero de Dios! Dime algo sobre el islam de modo que no tenga que preguntar a nadie después de ti.»
Él ﷺ respondió:
«قُلْ: آمَنْتُ بِاللَّهِ، ثُمَّ اسْتَقِمْ»
«Di: “Creo en Dios”, y luego mantente firme.»[3]
Sufyān no pedía brevedad de palabra, sino la esencia de toda la religión en una sola frase que lo dispensara de preguntar a nadie salvo al Profeta ﷺ en lo sucesivo. La respuesta llegó en dos mitades, sin una tercera: afirmación del corazón y adhesión constante en la obra. Y cuando Sufyān preguntó, en el resto del hadiz, «¿Qué es lo que más temes por mí?», el Profeta ﷺ tomó su propia lengua y dijo: «Esto».[3] Así vinculó la rectitud de todos los miembros con la rectitud de la lengua en particular, pues es la más propensa a los deslices y la que menos fácilmente se vigila.
El corazón es un rey y los miembros son sus soldados
En su comentario al hadiz «Creo en Dios, y luego mantente firme», Ibn Raŷab al-Ḥanbalī dejó claro que la raíz de la rectitud es la rectitud del corazón sobre el tawḥīd. Dijo: «Cuando el corazón se mantiene firme en el conocimiento de Dios, en el temor a Él, en la reverencia, en el amor y en la confianza en Él, todos los miembros se mantienen firmes en Su obediencia; pues el corazón es el rey de los miembros y ellos son sus soldados».[4]
Para él, la rectitud no es un acto aislado que se suma a otros, sino el resultado inevitable de una rectitud previa en el corazón. Si el rey se mantiene firme, sus soldados le obedecen; si se inclina, se desvían tras él. Añadió que lo que más merece vigilancia, después del corazón, es la lengua, porque es el intérprete y portavoz del corazón. Eso es precisamente lo que el hadiz dejó claro al destacar la lengua por encima del resto de los miembros.
Desde otro ángulo, se observa en la construcción de la aleya de Fuṣṣilat que la rectitud va unida al decir por thumma («y luego») y no por wāw («y»), partícula que indica demora e intervalo. Es como si la rectitud fuera un proceso extendido en el tiempo, que sigue a la fe y no cesa, y no un acontecimiento que sucede una vez y se archiva.
¿Por qué pesa la rectitud más que la fe?
Muchos se preguntan por qué «mantente firme» pesó más sobre el Profeta ﷺ que «cree», si la fe es el fundamento. La respuesta es que la afirmación se pronuncia una vez, pero se pone a prueba a cada instante. La fe es un reconocimiento que se profiere en un momento; la rectitud es un compromiso cuya renovación se exige en cada decisión: en el trato con los demás cuando nadie mira, en la palabra cuando el silencio o la adulación resultarían fáciles, en el dinero cuando lo prohibido está al alcance y no hay vigilante a la vista.
Esto explica que a muchos les resulte fácil proclamar su fe a voz en cuello en una sola ocasión y difícil mantenerse firmes en algún pequeño detalle cotidiano que nadie ve. La rectitud, tal como la dibuja el hadiz al vincularla de modo especial con la lengua, empieza por el miembro más trivial a ojos de la gente y más peligroso ante Dios: una palabra dicha en una murmuración, una promesa quebrantada sin escrúpulo, una broma que lleva una leve mentira. Quien piensa que la rectitud solo se pone a prueba en los pecados graves ha pasado por alto que empieza allí donde nadie le pide cuentas salvo él mismo.
La dimensión social que revela la aleya de la sura de al-Tawba sugiere una imagen contemporánea no menos apremiante. Muchos que son escrupulosos con la rectitud del culto individual son laxos en la fidelidad a un contrato comercial, en la veracidad de una promesa profesional o en la honradez para con quien difiere de ellos en religión u opinión, como si la rectitud fuese para ellos un círculo estrecho que nunca traspasa los muros de la mezquita. Al ordenar la rectitud hacia aquellos con quienes los musulmanes pactaron desde fuera de su propia comunidad, el Corán corta el paso a esta concepción mutilada. La rectitud es un rasgo único e indivisible, que se pone a prueba en el nicho de la oración igual que en el contrato de compraventa, y en la promesa que no vigila nadie sino Dios y aquel a quien se hizo.
Conclusión
Desde el estar en pie del cuerpo en la oración, pasando por el estar en pie del corazón en la rectitud, hasta el estar en pie de la creación el Día de la Resurrección, el Corán traza una sola imagen de la firmeza en tres grados. Lo que encaneció al Profeta ﷺ no fue un acontecimiento, sino una orden prolongada y sin término: «Mantente firme». No dijo «te has mantenido firme» ni «te mantendrás firme», sino una orden presente, renovada a cada instante, para quien cree en Dios y luego quiere mantenerse firme. Nos basta Dios, y qué excelente Protector es.
Notas
- Transmitido por al-Tirmidhī en su Sunan, n.º 3297, por vía de Abū Bakr al-Ṣiddīq (que Dios esté complacido con él); dijo: hadiz bueno y singular (ḥasan gharīb); y al-Albānī lo autenticó.↩
- Recuento del verbo istaqāma (la forma istafʿala de la raíz q-w-m) en el Corán (corpus coránico, corpus.quran.com): diez veces en nueve lugares: al-Tawba 7 (dos veces en la misma aleya), Yūnus 89, Hūd 112, Fuṣṣilat 6, Fuṣṣilat 30, al-Shūrā 15, al-Aḥqāf 13, al-Ŷinn 16, al-Takwīr 28.↩
- Transmitido por Muslim en su Ṣaḥīḥ, n.º 38, por vía de Sufyān ibn ʿAbd Allāh al-Thaqafī (que Dios esté complacido con él).↩
- Ibn Raŷab al-Ḥanbalī, Ŷāmiʿ al-ʿUlūm wa-l-Ḥikam, comentario del hadiz vigésimo primero.↩
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